San Isidro no solo gana: marca territorio. El 2-0 sobre Deportivo Viedma no es una casualidad ni una racha, es la confirmación de un equipo que entiende cómo se juegan los playoffs.

Porque esta vez no fue un trámite. Viedma compitió, encontró gol, incomodó. Lo llevó a un partido más largo, más físico, más discutido. Y ahí es donde San Isidro volvió a mostrar su mayor virtud: la capacidad de adaptación. Cuando el ataque no fluye, aparece la defensa. Cuando el ritmo se empareja, impone control. No se desespera, no se desarma.
El quiebre no fue un triple ni una ráfaga: fue una decisión colectiva de endurecer el juego. Ajustó atrás, bajó el goleo rival y desde ahí construyó la ventaja. Después, en el cierre, hizo lo que hacen los equipos serios: no regaló nada. Mientras Viedma fallaba libres y dudaba, el local ejecutó con firmeza.
Hay un dato que subyace: San Isidro no depende de una noche iluminada. Tiene estructura, tiene lectura y tiene respuestas. Eso, en una serie, vale oro.
El 2-0 lo deja match point, sí. Pero sobre todo lo posiciona como un equipo que no negocia su identidad. Ahora viaja a Río Negro con la chance de cerrar la historia. Y con una certeza: si impone sus reglas, la serie no vuelve.
San Isidro San Francisco 77 – 69 Dep. Viedma
Parciales: 1°) 22-23, 2°) 20-17 (42-40), 3°) 18-14 (60-54), 4°) 17-15
San Isidro: Nahuel Buchaillot 12, Jerónimo Suñé 6, Manuel Lambrisca 9, Luciano Ortíz 11, Christopher Hooper 15 (fi) Marcos Saglietti 3, Lautaro Mare 9, Jeremías Diotto 6, Julián Eydallín 6. DT.- Sebastián Porta.
Viedma: Luciano Cáceres 15, Nicolás Paletta 13, Lisandro Fernández 10, Lucas González 4, Keiver Marcano 12 (fi) Jeffrey Merchant 6, Bernando Ossela 7, Joaquín Petre 2, Alfredo Ventura 0. DT: Guillermo Bogliacino.
(Ilustracion de portada base sobre foto de Diario Sport)

