Cordobazo: la chispa que aún arde

Obreros y Estudiantes unidos adelante – Para las nuevas generaciones… El *Cordobazo* fue una enorme protesta popular que ocurrió en la ciudad de Córdoba, el jueves 29 de mayo de 1969. Fue el momento en que los estudiantes universitarios y los obreros de las fábricas (principalmente automotrices) se unieron para rebelarse juntos contra la dictadura militar de Juan Carlos Onganía.

La gente tomó el control de los barrios de la ciudad durante horas, desbordando a la policía, hasta que el ejército tuvo que intervenir para recuperar el control.

Ese acto de rebeldía y valentía hizo historia: Demostró que la unión entre los trabajadores y la juventud organizada tenía el poder de desestabilizar a un gobierno de facto (un gobierno no elegido por el voto), esta acción popular marcó el final de un régimen, aunque la protesta fue reprimida, debilitó tanto a la dictadura de Onganía que aceleró su caída.

Ese sentimiento llevado a la expresión callejera cambió la política argentina ya que dejó una huella imborrable en la identidad de Córdoba como una provincia con un fuerte espíritu de resistencia, rebeldía y participación estudiantil y sindical. Fue, en resumen, el estallido social más emblemático de la historia argentina del siglo XX.

Un gran cruce de historia, identidad cordobesa y pasión popular ponemos a la mesa.

A primera vista, ese enorme hito de rebeldía obrero-estudiantil del 29 de mayo de 1969, el Cordobazo y el básquetbol parecen correr por carriles separados. Sin embargo, en la Córdoba de los años 60 y 70, la política, el sindicalismo y los clubes de barrio estaban totalmente entrelazados.

Hay un puente directo, una veta humana y apasionada que une al corazón del Cordobazo con la naranja, y tiene nombre y apellido: Agustín “El Gringo” Tosco

Si buscamos una relación directa y una anécdota hermosa que pinte esa Córdoba de época, tenemos que hablar de la pasión oculta del máximo referente de Luz y Fuerza y líder del Cordobazo, Agustín Tosco era un apasionado absoluto del básquetbol.

Más allá de su conocida afición por el ajedrez y su simpatía por Huracán en el fútbol, el deporte que lo encendía en la Docta era el básquet. El punto de unión físico e institucional era el club Sociedad Mutual Unión Eléctrica, históricamente ligado al sindicato de Luz y Fuerza.

Don Pedro Bustos, campeón del mundo con la Selección Argentina en 1950 e ícono indiscutido de Atenas.  Fue quien quien dejó testimonio de este lado poco conocido del “Gringo” Tras su retiro, Don Pedro trabajó durante casi tres décadas como intendente del club Unión Eléctrica de Villa Revol Anexo, antiguo “Barrio Chino”. Allí conoció en profundidad a Tosco a principios de los años 60. Bustos recordaba que Tosco no iba a la cancha a figurar ni a hacer política de manera fría; iba como un hincha ferviente y temperamental:

Era un director técnico en la baranda ya que, durante los partidos de Unión Eléctrica, el “Gringo” se pasaba los 40 minutos caminando de un lado a otro pegado a la baranda de la cancha, sufriendo cada jugada, dando indicaciones y desesperado por ganar. Quienes lo veían en las asambleas con su mameluco, serio y firme, se sorprendían al verlo en la cancha de básquet. Bustos relató que, cuando Unión Eléctrica ganaba un partido importante, Tosco se metía corriendo al parquet, saltando y brincando abrazado a los jugadores en el medio de la cancha con una alegría puramente genuina.

El básquet como termómetro social de la época

Para entender el contexto de ese mayo del ’69, hay que recordar lo que significaban los clubes de básquet en Córdoba en esos años. Espacios como Atenas, la desaparecida Noar Sioni de B° Gral. Bustos, ex Barrio Firpo, Redes Cordobesas, Hindú o el propio Unión Eléctrica no eran solo lugares de entrenamiento; eran el núcleo de la vida social, juvenil y comunitaria de los barrios.

El epicentro del combate estudiantil y de la resistencia tras el toque de queda del 29 de mayo fue el “Barrio Clínicas” y las zonas aledañas a Alberdi y el centro. Esos mismos estudiantes universitarios que tomaban las calles y armaban barricadas con lo que tenían a mano eran los que los fines de semana llenaban los tinglados y las tribunas para ver los torneos de la Asociación Cordobesa de Básquetbol. Otro ejemplo de institución con esas características, por aquella época, era el Club Atlético Universitario, el tradicional club de La Lomita. En su momento, probablemente fue el club cordobés con mayor cantidad de hinchas distribuidos en todo el país. La explicación radicaba en que nucleaba, a través de distintos deportes, a miles de estudiantes universitarios que llegaban desde diferentes provincias a Córdoba para cursar sus estudios en las distintas facultades. La juventud que cambió la historia del país compartía esa doble identidad: la asamblea estudiantil y el club de barrio.

Los que peinan canas dicen que sus antecesores comentaban que el básquetbol cordobés siempre tuvo una impronta muy de “tribuna caliente”, solidaria y comunitaria. Ese mismo espíritu de organización colectiva, de “aguantar los trapos” en el barrio, fue el sustrato social que permitió que vecinos, trabajadores de las automotrices (SMATA) y estudiantes se organizaran de forma casi quirúrgica para enfrentar a la dictadura de Onganía.

Ya como fin de esta editorial en el presente se usa y se lee o escucha esa huella en el lenguaje: El “Cordobazo” el básquet moderno es tomado como dato de color y herencia cultural, la palabra “Cordobazo” quedó tan grabada en el ADN de la ciudad que mutó en un modismo deportivo riquísimo.

Hoy en… cuando un equipo cordobés viaja a Buenos Aires o a otra provincia y mete un batacazo histórico contra todos los pronósticos, o cuando un equipo visitante tumba a un gigante en la Docta (como cuando pasa en el Sandrín o pasaba en el Cerutti), muy seguido la prensa especializada y la gente no dicen “sorpresa”; titulan de manera unánime: ” Cordobazo”*. Es la traslación de la rebeldía y el golpe al poder establecido llevado al rectángulo de juego.

El Cordobazo se cocinó con la misma pasión, el mismo sentido de pertenencia barrial y la misma entrega colectiva que se vivía cada semana bajo las luces de los estadios de básquet de la Docta.

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