San Isidro volvió a encontrarse con esa sensación tan difícil de explicar que dejan las grandes oportunidades perdidas. No fue una derrota más. Fue el final de una temporada en la que el equipo construyó argumentos suficientes para ilusionarse con el ascenso, pero en la que otra vez el último paso resultó imposible de dar.

La serie encontró en Lanús a un campeón legítimo. El conjunto bonaerense mostró mayor regularidad en los momentos decisivos, supo aprovechar cada error de su rival y tuvo la serenidad necesaria para administrar la presión de una final. Cuando el partido entró en su tramo determinante, encontró respuestas individuales y colectivas que terminaron inclinando la balanza a su favor.
San Isidro compitió, luchó y por largos pasajes estuvo a la altura de una definición por el ascenso. Incluso llegó a tener momentos de control y alimentó la esperanza de llevar la serie a un quinto encuentro. Sin embargo, las dificultades para sostener la eficacia ofensiva, la escasa producción desde el perímetro y una cantidad de pérdidas demasiado elevada terminaron condicionando sus posibilidades.
Pero reducir el análisis únicamente al resultado sería injusto. El balance de la temporada debe ir más allá de los cuarenta minutos finales. San Isidro volvió a ser protagonista, volvió a instalarse entre los mejores equipos de la categoría y volvió a disputar una final por el ascenso. Eso habla de una estructura deportiva sólida, de un proyecto competitivo y de una institución que año tras año se mantiene en los primeros planos.
La frustración es lógica porque el objetivo era regresar a la Liga Nacional. Sin embargo, también existe una realidad que no puede ignorarse: para llegar a una final hay que recorrer un camino que la mayoría de los equipos no consigue completar. San Isidro estuvo nuevamente entre los elegidos y eso representa un mérito que merece ser valorado.
El ascenso no llegó esta vez. La amargura quedará durante un tiempo. Pero también queda la certeza de que el club sigue golpeando la puerta. Y cuando una institución logra mantenerse de manera constante entre los protagonistas, las oportunidades siempre vuelven a aparecer.
Juego 4
Miércoles 3 de junio
Lanús 67 – 52 San Isidro
Lanús:, Joaquín Noblega 11, Lucio Reinaudi 13, Edgar Merchant 6, Martín Franchino 13, Robert Whitfield 11 (fi) Alejo Sacchi 0, Roquez Johnson 2, Michael Henry 11. DT: Juan Manuel Anglese.
San Isidro: Nahuel Buchaillot 3, Manuel Lambrisca 14, Marcos Saglietti 2, Luciano Ortíz 10, Christopher Hooper 17 (fi) Lautaro Mare 0, Jerónimo Suñé 6, Jeremías Diotto 0, Julián Eydallín 0. DT: Sebastián Porta.
Parciales: 1°) 09/12, 2°) 20-20 (29-32), 3°) 16-12 (45-44), 22-08
Árbitros: Fabricio Vito – Fernando Sampietro – Sebastián Vasallo.
Estadio: “Antonio Rotili”
Serie: Lanús 3-1

